Llevé barba diez años porque afeitarme era una tortura. Esto es lo que me hizo volver a afeitarme
Con la comunión de mi hijo a la vuelta de la esquina, quería salir en las fotos con mi cara de verdad. Pero la última vez que me afeité acabé tres días con la cara roja, sin poder ni tocármela.
Hace un par de meses, preparando un vídeo con fotos para la comunión de mi hijo, encontré una de mi boda. Yo, con 38 años, bien afeitado. Me quedé un rato mirándola. Mi hijo, que estaba a mi lado, me preguntó quién era.
Llevo diez años con barba. Y no, no es porque me guste.
No elegí la barba
Tengo la barba dura y la piel sensible, como mi padre. Mala combinación. Durante años me afeité con maquinillas de cinco hojas, como todo el mundo. Y cada afeitado lo pagaba: el cuello rojo, un escozor que me duraba hasta mediodía y, a veces, granitos.
Me afeitaba día sí, día no. Antes de una cena o de una reunión importante, me afeitaba la noche antes para que a la piel le diera tiempo a calmarse. Tenía la agenda organizada en función de mi piel.
Hasta que un día, de lo mal que lo pasaba, decidí dejarme barba. «Solo una temporada», pensé. Han pasado diez años.
Lo que probé antes de rendirme
Las maquinillas «para piel sensible» irritaban un poco menos, pero irritaban. Los bálsamos me calmaban la piel después, pero cada mañana volvía a empezar. La eléctrica no me irritaba tanto, pero no apuraba: a mediodía parecía que no me había afeitado.
Al final me convencí de que era cosa de mi piel. Que no había nada que hacer.
La última vez que lo intenté
En diez años, solo me la quité una vez. Fue hace dos años, para la boda de un amigo. Hay momentos, como bodas o bautizos, en los que uno quiere ir lo mejor posible. Pasé tres días con la cara roja, sin poder ni tocármela. En las fotos se me ve la cara llena de rojeces.
Así que cuando se acercó la comunión, mi primera idea fue no tocar la barba. Pero esto no era la boda de un amigo. Son las fotos que mi hijo va a guardar toda su vida. Y yo no quería salir en ellas escondido detrás de la barba.
Lo que nadie me había explicado
Empecé a buscar si había alguna forma de afeitarse bien con una piel como la mía. Y en los comentarios de hombres con el mismo problema encontré una frase que se repetía: «cuanto más hojas tenían, peor me iban».
Ahí entendí algo que nadie me había explicado en más de treinta años afeitándome. Cada hoja es una pasada más sobre la piel. Con una maquinilla de cinco hojas, cada vez que la deslizas, tu piel recibe cinco pasadas. En una piel normal, no pasa nada. En una piel como la mía, cada pasada suma.
Por eso muchos de esos hombres habían vuelto a lo que usaban sus padres: la maquinilla de una sola cuchilla. Menos hojas, menos pasadas, menos irritación. Nadie prometía cero irritación, y eso me dio más confianza.
Pero yo tenía una cosa clara: una maquinilla clásica de las de antes, ni loco. En los foros leí a hombres que esperaban «seccionarse la yugular» en su primer afeitado clásico. Yo pensaba igual. Y leyendo, vi que muchos las prueban, se cortan y abandonan. La hoja sobresale demasiado y el ángulo depende de tu mano.
Por qué elegí Klorya Edge
Buscando, di con Klorya Edge, una maquinilla de una sola cuchilla pensada justo para la piel sensible y la barba dura. La hoja apenas asoma, el peine cerrado protege la piel y el soporte es tan rígido que la hoja no vibra, así que no hace falta repasar.
Lo que me convenció fue el ángulo: viene fijado a 30°. No tienes que buscarlo ni aprender ninguna técnica. La apoyas y la deslizas, sin apretar.
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Tres semanas antes de la comunión
Primero me quité la barba con la máquina. Después, el primer afeitado de verdad en diez años. Lo hice despacio, con un poco de miedo.
No fue perfecto desde el primer día. Las primeras veces fui con mucho cuidado. Pero a las dos semanas ya le había pillado el punto. Y la piel no se puso como antes: alguna rojez leve al principio, nada que ver con lo de siempre.
El día de la comunión me afeité esa misma mañana. Sin miedo, sin pensármelo.
Cuando bajé a desayunar, mi hijo se me quedó mirando un buen rato. Luego me tocó la cara y se echó a reír: «¡Papá, qué suave!»
Y en las fotos con él, por primera vez en mucho tiempo, me reconozco.
No soy el único
«Antes tenía que dejar descansar la piel entre afeitados»
«Tengo la barba bastante dura y la piel muy sensible. Antes, si me afeitaba dos días seguidos, al segundo acababa con la cara roja y un escozor horrible. Así que muchas veces iba con barba de dos o tres días, aunque no me gustara. Con Klorya he conseguido afeitarme más a menudo sin acabar con la piel tan irritada. Y lo mejor es que no tengo que renunciar a un buen apurado. Era justo lo que llevaba años buscando.»
«Ya había probado una maquinilla clásica y no me convenció»
«Había leído que las maquinillas de una sola hoja iban mejor para la piel sensible, así que compré una clásica. Pero me costaba encontrar el ángulo y acababa apretando demasiado, sobre todo debajo de la mandíbula. Por eso dudaba antes de probar Klorya. La diferencia es que con esta me resulta mucho más fácil mantener el ángulo y no necesito dar tantas pasadas. Al principio fui con cuidado, pero después de un par de semanas ya le había cogido el truco. Ahora consigo un buen apurado sin castigar tanto la piel.»
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Si estás pensando en probarla
Un consejo: dale al menos 15 días. Tu piel y tu mano necesitan unos cuantos afeitados para acostumbrarse.
Si tú también llevas años escondido detrás de una barba que no elegiste, ya sabes lo que es mirar una foto antigua y echar de menos tu propia cara.
No tiene por qué seguir así.
Quiero probar Klorya Edge100 días para probarla (dale al menos 15)